Ad Banner
Ad Banner
 TOP STORY

LA DIPLOMACIA TELEFÓNICA DEL PRIMER MINISTRO DE MALASIA LOGRA UN ACCESO SEGURO AL ESTRECHO DE ORMUZ

01/04/2026 03:28 PM

Por Wong Chun Wai

KUALA LUMPUR, 1 abr (NNN-BERNAMA) -- La decisión del primer ministro de Malasia, Datuk Seri Anwar Ibrahim, de emprender una incansable diplomacia telefónica —acompañada de numerosas visitas al extranjero— está arrojando ahora resultados tangibles y mensurables.

Pocos resultados revisten una importancia estratégica tan significativa como el hecho de que Irán haya permitido el paso de buques malasios a través del estrecho de Ormuz.

Según diversos informes noticiosos, aproximadamente el 50 por ciento del petróleo total de Malasia transita por esta estrecha franja marítima.

El primer ministro malasio contactó telefónicamente al presidente iraní, Masoud Pezeskian; asimismo, el ministro de Asuntos Exteriores de Malasia, Datuk Seri Mohamad Hasan, conversó con su homólogo, Abbas Aragchi, para gestionar el permiso de paso de siete buques que regresaban a puerto —cuatro de los cuales transportaban petróleo crudo—, permitiéndoles así continuar su viaje de vuelta a casa.

El embajador de Irán en Malasia, Valiollah Mohammadi Nasrabadi, ha declarado que se permitirá el paso de los buques a través del estrecho de manera segura y sin coste alguno.

A finales de marzo de 2026, diversos informes indicaban que Irán había comenzado a exigir "tasas de tránsito" o "peajes" a los buques que navegaban por el estrecho de Ormuz; algunos de estos informes sugerían la imposición de cargos de hasta 2 millones de dólares estadounidenses por embarcación.

No se trata meramente de una victoria simbólica, sino de un logro geopolítico concreto y sustancial. Malasia siempre ha defendido con firmeza su neutralidad.

Malasia es amiga de todas las naciones; sin embargo, no tememos alzar la voz cuando consideramos que algo no es correcto, incluidos los ataques perpetrados contra Irán y contra el pueblo palestino en Gaza.

El tránsito a través del estrecho de Ormuz resulta crucial, dado que, si bien Malasia produce su propio petróleo, importa cantidades significativas de crudo desde el golfo Pérsico —lo que representa aproximadamente el 69 por ciento de sus importaciones totales de crudo— con el fin de mantener operativas sus refinerías nacionales.

Malasia exporta su propio crudo, de naturaleza más ligera y de mayor valor comercial, al tiempo que importa desde Oriente Medio un petróleo más pesado y económico, el cual transita precisamente por el estrecho de Ormuz.

El cierre del estrecho de Ormuz ha generado una considerable presión económica, obligando al gobierno a incrementar los subsidios a los combustibles con el propósito de mantener bajo control los precios en el mercado interno.

En un momento en que el estrecho de Ormuz —vía por la que fluye aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo— se ha convertido, en la práctica, en una zona de conflicto, Irán ha venido restringiendo el paso y ejerciendo un estricto control sobre el tráfico marítimo. Sin embargo, Malasia ha logrado obtener una excepción especial, permitiendo el paso seguro de sus buques cisterna y sus tripulaciones tras mantener un diálogo directo con Teherán y otras potencias regionales.

¿Por qué funciona la política exterior de Malasia?

En primer lugar, Anwar ha posicionado a Malasia como un intermediario honesto, y no como un actor partidista. A diferencia de las grandes potencias que se encuentran enredadas militar o políticamente, Malasia ha abogado sistemáticamente por la desescalada y el diálogo, rechazando la intervención militar y manteniendo al mismo tiempo una claridad moral respecto al conflicto. Esta neutralidad otorga a Kuala Lumpur credibilidad ante Teherán.

En segundo lugar, la diplomacia personalizada de Anwar resulta fundamental. En una era de multilateralismo fragmentado, la comunicación directa entre líderes —mediante llamadas telefónicas con sus homólogos iraníes, turcos y egipcios— permite sortear la burocracia y fomenta la confianza.

No se trata de meras formalidades; estos gestos transmiten respeto, reconocimiento y seriedad a un país como Irán, que se siente estratégicamente aislado y "reiteradamente engañado" por las potencias mundiales.

En tercer lugar, Malasia aporta una relevancia económica sin representar una amenaza estratégica. Irán comprende que Malasia es un importante consumidor de energía y socio comercial, y no un adversario militar.

Permitir el paso de los buques malasios no debilita la postura geopolítica de Irán, sino que fortalece sus lazos con una nación clave del sudeste asiático.

Puede que seamos un país pequeño, pero las potencias medianas —como Malasia— aún pueden ejercer influencia; no mediante la fuerza, sino a través de la credibilidad, la coherencia y la comunicación.

No olvidemos que, cuando nuestros 23 voluntarios malasios de la Flotilla Global Sumud fueron detenidos por Israel mientras participaban en una misión de ayuda a Gaza, lograron su liberación gracias a los intensos esfuerzos diplomáticos liderados por Anwar el pasado mes de octubre.

Fue el resultado de numerosas llamadas telefónicas a diversos líderes, entre ellos el influyente y poderoso presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan.

En tiempos de paz, resulta fácil pasar por alto la discreta eficacia de la diplomacia que se ejerce por vía telefónica.

Sin embargo, la liberación de los buques cisterna malasios y la reapertura de una ruta de suministro vital demuestran que dicha diplomacia no es ingenua, sino pragmática y trascendente.

El enfoque de Anwar pone de manifiesto que, incluso en el contexto de un conflicto sumamente polarizado, el acceso se negocia; no se da por sentado.

Y Malasia, al optar por el diálogo en lugar de la alineación con bloques, ha logrado asegurar algo que muchas naciones de mayor envergadura no han conseguido: la confianza. Ese constituye el verdadero capital estratégico en el ámbito de la diplomacia internacional.
-- NNN-BERNAMA

* Datuk Seri Wong Chun Wai es el presidente de Bernama y Galardonado Nacional de Periodismo.

© 2026 BERNAMA   • Disclaimer   • Privacy Policy   • Security Policy